Ana María Morales Dueñas, referente del grupo de asesoramiento de Desarrollo Profesional del COE Córdoba, reflexiona en este artículo sobre en qué consiste el verdadero desarrollo profesional en Enfermería.
8 de julio de 2026.
A menudo, cuando en los pasillos de nuestros centros sanitarios o en las salas de reuniones se pronuncia la expresión «desarrollo profesional», la mente nos viaja de forma casi automática a los mismos lugares: niveles de carrera, créditos, certificados de cursos, publicaciones científicas y baremos de oposiciones. Parece que nos hemos acostumbrado a mirar el crecimiento como una contabilidad individual, una especie de carrera de fondo donde el único objetivo es acumular méritos en un expediente personal para alcanzar una meta que, con frecuencia, se mide en términos económicos o de estatus.
Pero, ¿realmente es solo eso? Si despojamos al desarrollo profesional de la burocracia y los números, ¿qué nos queda?
¡¡¡Nos queda la esencia!!! Nos queda la profunda convicción de que NUESTRO CRECIMIENTO NO NOS PERTENECE SOLO A NOSOTROS; LE PERTENECE A LA PROFESIÓN Y, EN ÚLTIMA INSTANCIA, A LAS PERSONAS QUE CUIDAMOS. El verdadero desarrollo profesional no se escribe en un papel para convencer a un tribunal; se demuestra en el día a día, tejiendo redes, compartiendo el conocimiento y asumiendo una ética de la responsabilidad colectiva.
Cuidar el presente, asegurar el futuro: El valor del relevo
Dentro de este ecosistema que compartimos, hay una dimensión del crecimiento que a veces pasa desapercibida, pero que considero que es el mayor acto de generosidad y ética profesional que existe: FORMAR Y ACOMPAÑAR A LOS QUE VIENEN DETRÁS.
Todos nos acordamos de nuestros primeros días en un servicio, de los miedos al enfrentarnos a una técnica compleja, de la incertidumbre al tomar una decisión clínica o de la presión emocional que a veces asfixia. Y todos recordamos, con nombre y apellidos, a esa enfermera o enfermero referente que nos tendió la mano, que tuvo la paciencia de explicarnos el porqué de una práctica o que, simplemente, nos transmitió seguridad con una mirada.


Acompañar a las nuevas generaciones, a los compañeros que se incorporan de un traslado, a los contratados como eventuales, a los residentes o a los recién graduados, no es una tarea secundaria que debamos hacer «si nos queda tiempo». Es un deber ético fundamental. El conocimiento enfermero no es un secreto que debamos guardar para ser indispensables de manera individual; es un patrimonio vivo que estamos obligados a transmitir para que la calidad de los cuidados no dependa de quién esté de turno, sino de una cultura de excelencia compartida.
Desarrollo Profesional es transformar
Cuando decidimos implicarnos activamente en la formación y el desarrollo de los demás, nuestro propio desarrollo profesional da un salto cualitativo. Enseñar nos obliga a revisar nuestras propias prácticas, a preguntarnos si seguimos haciendo las cosas «porque siempre se han hecho así» o si realmente nos apoyamos en la mejor evidencia disponible.
Formar a los que vienen detrás es un motor que nos mantiene despiertos, curiosos y conectados con la realidad clínica. Pero, por encima de todo, es un compromiso con el futuro. Cada vez que dedicamos tiempo a guiar a un compañero, estamos sembrando una semilla de buenas prácticas, de seguridad del paciente y de dignidad profesional. Estamos asegurando que, cuando nosotros ya no estemos en esa unidad, el cuidado que se preste siga siendo excelente.
Un llamamiento a la Gestión Conectiva
El éxito de nuestra profesión no se mide por lo alto que llegue una enfermera de forma aislada, sino por la capacidad que tengamos de conectarnos, apoyarnos y elevarnos mutuamente. El liderazgo real en Enfermería no es el que ejerce poder, sino el que genera las condiciones para que los demás también crezcan.
«El liderazgo real en Enfermería no es el que ejerce poder, sino el que genera las condiciones para que los demás también crezcan»
Por eso, te invito a que la próxima vez que pienses en tu desarrollo profesional, mires un momento a tu alrededor. Más allá de los cursos que vayas a matricular este año o de los puntos que te falten para el próximo nivel, pregúntate: ¿A quién estoy ayudando a crecer hoy? ¿Cómo estoy contribuyendo a dejar una Enfermería mejor de la que encontré?
Asumamos esa responsabilidad colectiva. Hagamos que nuestro desarrollo profesional sea el motor que impulse a las nuevas generaciones. Porque, al final del camino, el mejor currículum no es el que tiene más páginas firmadas y selladas, sino el que se refleja en el orgullo, la seguridad y el buen hacer de las enfermeras que aprendieron a nuestro lado.

Ana María Morales Dueñas, referente del grupo de asesoramiento de Desarrollo Profesional del COE Córdoba, vocal XV de la Comisión Plenaria del Colegio y responsable de formación y referente de Calidad Asistencial del Área de Gestión Sanitaria Norte de Córdoba.